miércoles, marzo 26, 2014
CatalunyaCaixa se ha ofrecido al Gobierno para salvar las autopistas de peaje.....y así devolver a la ciudadanía, de Españistán, lo que hicimos por ella, al ser rescatada.
martes, marzo 25, 2014
Por fin este Gobierno rescata a alguien que lo necesita.....y para que cuando dejen de ser "politicuchos" puedan utilizar la famosa "puerta giratoria".
Y gracias por salvar la autopista Cartagena - Vera......que sería de nosotros sin ella.
Liberales siempre!!!!!.....sobre todo cuando me interesa.
Y gracias por salvar la autopista Cartagena - Vera......que sería de nosotros sin ella.
Liberales siempre!!!!!.....sobre todo cuando me interesa.
"Lo de siempre" - Isaac Rosa.
"Lo de siempre" - Isaac Rosa.
"¿A quién le sorprendió lo que pasó el sábado al final de la manifestación? Mientras acompañaba una de las marchas durante el día, comenté y oí comentar varias veces: “Al final pasará lo de siempre, que reventarán la mani y nos quedaremos con las imágenes de los incidentes”.
Lo de siempre. Desde el momento en que la Delegación del Gobierno anunció un despliegue policial pocas veces visto, y alertó de la presencia de violentos, se puso en marcha la habitual profecía de autocumplimiento. Que por supuesto se cumplió. Y una vez más, hoy la delegada y sus afines pueden repetir lo de “ya lo dijimos”.
Así es: por mucho que insistamos en que lo fundamental fue la manifestación masiva, lo que al final queda es la imagen de las cargas policiales y las piedras arrojadas. Insistir en que hubo infiltrados, que la policía reventó el acto antes de terminar, o que el dispositivo de seguridad tuvo muchas zonas de sombra (algunos verán inoperancia, otros intencionalidad al dejar a unos cuantos agentes a merced de manifestantes previamente calentados a golpes), es necesario, hay que denunciarlo, pero no va a alterar el resultado.
Lo de siempre. La secuencia se ha repetido demasiadas veces en los últimos años: manifestación pacífica, minoría violenta, carga policial a la hora del telediario, y al final las imágenes de enfrentamientos ocupándolo todo. Y al día siguiente nos quejamos mucho, sí, y compartimos vídeos y relatos, pero a fuerza de repetirlo parecemos los aficionados de un equipo al que siempre perjudican los árbitros: nos vamos cabreados, convencidos de que nos han robado el partido, viendo mil veces la repetición de la jugada polémica, y sintiéndonos vencedores morales. Pero al final el partido lo ganan los otros, y se llevan los puntos, aunque sea dando patadas y con penaltis injustos.
A fuerza de perder partidos con trampa, la afición se desmoraliza, y acude al próximo partido sabiéndolo perdido de antemano: “Al final pasará lo de siempre”.
Algo habrá que pensar, porque “lo de siempre” va dejando por el camino heridos, multados, y el miedo de quienes otro día se irán antes a casa o no vendrán. "Lo de siempre" va también aumentando la rabia de quienes la próxima vez traerán los bolsillos llenos de piedras y necesitarán menos chispas para inflamarse. "Lo de siempre" provoca también el cansancio y la frustración de quienes ven pisoteado el trabajo de meses organizando una gran movilización para que al final pase “lo de siempre”.
No se trata de rendirse, abandonar el partido antes de empezar porque se sabe amañado, dejar de salir a la calle. Pero hay que reflexionar a fondo, y pensar cómo protegernos del juego sucio, cómo anticipar una respuesta a lo que no nos sorprende, a lo que ya esperamos. Eso incluye saber resistir las provocaciones, y controlar o aislar a quienes vienen ya calientes de casa, que también empiezan a ser "los de siempre".
Ya vale de lo de siempre. Porque en lo de siempre, de vez en cuando pasa algo más grave, y alguien pierde un ojo, un testículo, o cualquier día la vida. Ya vale".
El Hotel del Algarrobico recibirá el nombre de "Adolfo Suarez"......y los jueces del TSJA tendrán habitaciones reservadas.
Gracias por conservar una cosa tan fea.
Gracias por conservar una cosa tan fea.
lunes, marzo 24, 2014
"La memoria de Suárez" - Luis García Montero.
"La memoria de Suárez" - Luis García Montero.
"La pérdida de memoria es uno de los remedios mejor utilizados en la construcción de la España oficial. El alzheimer de Adolfo Suárez ha cumplido también su papel. Cuando Adolfo Suárez hijo convocó a la prensa para anunciar el fallecimiento inminente de su padre, sentí tristeza, y no por Suárez, que llevaba 11 años desaparecido, inexistente, sino por nuestro país, por el impudor del circo levantado sobre nuestra realidad.
Yo no voy a olvidar todas las manifestaciones en la que participé contra su política, contra los suyos, contra la España que representaba.
Pero Adolfo Suárez, ahora, tenía derecho a dejar de sufrir. La familia podía haberse limitado a emitir un comunicado anunciando su fallecimiento después de tantos años de enfermedad. No esperó a la muerte, convocó a la prensa para anunciar que se iba a morir y luego lloró delante de los periodistas. Las lágrimas falsas no conmueven, dan pena y vergüenza.
Siento respeto por la figura de Suárez. No me creo la mitología oficial de la Transición española, su colaboración con el Rey, sus labores en favor de la democracia. Cuando él era gobernador franquista y jefe del Movimiento, muchos miles de españoles pasaban por la cárcel como luchadores en favor de la democracia. Ejecuciones, torturas y represión fueron las realidades y las palabras que persiguieron a todos los verdaderos demócratas por encima de sus disputas y sus diferencias. Me siento heredero de todos ellos. Mi respeto va dirigido a todos ellos.
La importancia de Suárez como demócrata tiene poco que ver con su colaboración con el Rey. Más valor, sin duda, tienen sus diferencias. Al colaborar con el Rey, Suárez no fue más que uno de los franquistas que quiso perpetuarse en la España oficial. Su labor como demócrata empezó de verdad no al ser designado presidente de Gobierno por Juan Carlos I, heredero de Franco, sino al ganar unas elecciones.
Hoy quizás se nos olvida el verdadero lugar ocupado por el Rey en los años de la llamada Transición. Una prensa sumisa no tenía permiso para comentar su historia, sus historietas, sus amoríos, sus negocios. Juan Carlos ejerció durante años como heredero de un dictador. La prensa soportaba problemas incluso para publicar una foto de primer plano en la que el monarca no estuviese agraciado. Un Rey con una nariz grande podía convertirse en un conflicto de Estado.
En esa situación, Adolfo Suarez llegó a creerse la democracia. Se atrevió a recordarle al Rey que un presidente de Gobierno era alguien elegido por los ciudadanos, alguien que no dependía del poder borbónico. Eso le complicó la vida. Los lectores de Anatomía de un instante, el libro de Javier Cercas sobre el golpe del teniente coronel Tejero, han podido enterarse en muy buena prosa de los desprecios del Rey y de su actitud hostil contra Suárez. El heredero de Franco no resistía que un presidente democrático se sintiera independiente ante sus interferencias. La coyuntura que propició el golpe de Estado del 23 de febrero tiene que ver con el deseo de cambiar a Suárez por el general Armada, un militar de devociones monárquicas.
Suárez merece respeto por haber defendido la independencia de la política frente a las intervenciones de la monarquía. Y sufrió por ello. Y fue expulsado de la presidencia por ello. Por eso resulta tan patético el esfuerzo de la prensa oficial para extender la mitología de la amistad de Suárez y el Rey. Cuando ya no existía su padre, hundido en la nada del alzheimer, Adolfo Suárez hijo recibió un premio periodístico importante por una foto en la que colocó al expresidente Suárez con el monarca en actitud de complicidad. ¡Qué desprecio al valor del verdadero fotoperiodismo! Fue una manipulación escandalosa. El anuncio por anticipado del fallecimiento inminente ha supuesto otra manipulación para facilitar el circo mediático y para volver a los cánticos en favor de la Transición cuando el prestigio del Rey anda por los suelos.
Descanse en paz Adolfo Suárez, un personaje que debe pasar a la historia. Pero no por representar a sus compañeros, que se portaron con él como lobos descarnados, sino por haber asumido una dignidad muy extraña entre los suyos".
"Vamos a por ellos, coño", gritó un mando a los antidisturbios - Ruth Toledano.
"Vamos a por ellos, coño", gritó un mando a los antidisturbios - Ruth Toledano.
"Los antidisturbios cargaron violentamente el sábado contra la Marcha por la Dignidad cuando aún no eran las 9 de la noche (hora hasta la que estaba autorizada la manifestación), el coro de la Solfónica cantaba en un escenario abarrotado y la plaza de Colón, el paseo de Recoletos y las calles aledañas estaban llenas de miles de personas, entre ellas numerosos niños y personas mayores. Lanzaron gases lacrimógenos, apalearon con sus porras de metal recubierto, retorcieron brazos con brutalidad, dieron patadas y dispararon sus asquerosas pelotas de goma, que podrían haber dejado tuerto a alguien o matado a uno de esos niños.
La versión oficial asegura que todo empezó porque alguien lanzó objetos a los agentes. Pero los portavoces oficiales no tienen, desde luego, la más mínima autoridad moral para que creamos su versión. Si el Gobierno miente por sistema. Si el Ministerio del Interior miente por sistema. Si han mentido sobre los muertos de Melilla ante todos los medios de comunicación, ante los observadores internacionales y en el mismísimo Congreso de los Diputados, ¿cómo pretenden que creamos que la agresividad de los antidisturbios no fue una provocación preparada con antelación?
No nos creemos la versión oficial porque el hecho de haber dispuesto 1.700 efectivos de la Unidad de Intervención Policial ya era una declaración de intenciones: sabíamos que semejante e innecesario despliegue significaba que iban a cargar. ¿Por qué, si no, tantos antidisturbios para una convocatoria que, según Telemadrid (la misma fuente oficial, a fin de cuentas), solo congregó a 4.000 personas? ¿Por qué se produjeron los enfrentamientos justo a tiempo de enviar imágenes violentas a los telediarios de la noche? ¿Por qué se produjeron a una hora en la que la Marcha no había terminado pero al Ministerio del Interior le daba tiempo de preparar un enlace con fotos y enviarlo a la prensa para su publicación?
No nos creemos la versión oficial porque ya hemos visto otras veces a sus esbirros infiltrados entre los manifestantes para provocar unos enfrentamientos que interesan al Gobierno. El sábado les interesaban especialmente, pues el Gobierno necesitaba desvirtuar con violencia el éxito de la Marcha por la Dignidad, que fue multitudinaria, unida en la diversidad y pacífica. Tenían una poderosa razón para llevar a cabo esas bestiales cargas: si no la lían ellos mismos, las fotos que habrían quedado serían solo las de esa imponente masa de indignados. Ahora tenemos las de los destrozos y las de unos encapuchados que parecen manifestantes violentos pero ayudan a los antidisturbios a esposar a uno en el suelo (mientras, por cierto, le aplastan la cabeza con un escudo policial).
No nos creemos la versión oficial porque, dos días antes, el presidente de la Comunidad de Madrid, ese Ignacio González puesto a dedo a pesar de estar relacionado con diversos delitos y de dedicarse a perseguir periodistas, había comparado el contenido del manifiesto de la Marcha por la Dignidad con el ideario político de los neonazis griegos de Amanecer Dorado y había deseado que el sábado no se produjeran lesiones “para nadie” ni contra “el patrimonio de todos”. Ante tal don visionario y ante un análisis político de tal calado (que ayudó a enriquecer el portavoz de su Gobierno, Salvador Victoria, catalogando las mareas como “izquierda extrema” y diciendo que los sindicalistas andaluces “van a Venezuela en business”), no nos sorprende que los suyos tuvieran previsto reventar, sin más, la fuerza movilizadora de trabajadores, parados, desahuciados y otros cientos de miles de ciudadanos indignados.
No nos creemos la versión oficial porque Cristina Cifuentes ya había advertido en Twitter: “Acampar en Madrid está prohibido fuera de las zonas habilitadas específicamente para ello, y las Fuerzas de Seguridad harán cumplir la ley”. Es decir, tenía a sus huestes aleccionadas para cargar en cuanto hubiera el más mínimo indicio de acampada, como así fue: cuando los antidisturbios arremetieron contra la multitud, se había empezado a levantar un campamento en Recoletos, previsto para permanecer allí hasta el martes, pero unos minutos antes de que empezaran las cargas, decenas de furgones policiales ya se habían acercado a la zona donde se montaban las lonas. Cabe señalar la obviedad de que una acampada, esté o no prohibida, no constituye en sí misma un acto violento. Pero Cifuentes quiere demostrar al PP que tiene la mano suficientemente dura para liderar el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid como su partido considera que hay que hacerlo: a lo tonto, como Botella; a lo mafioso, como González; o a lo bestia, como ella.
No nos creemos la versión oficial porque, aún en el caso de que fueran alborotadores quienes comenzaron los enfrentamientos, los agentes antidisturbios están ahí (les pagamos por ello) precisamente para proteger el curso pacífico de la marcha y la seguridad de los manifestantes, y no, al contrario, para poner en grave peligro su integridad física y su vida. ¿Cómo pretenden que los creamos después de enterarnos de que el hijo del golpista Tejero dirigía una unidad de antidisturbios de la Guardia Civil hasta ser destituido por celebrar en el cuartel el aniversario del 23F? Teniendo en cuenta que esa es la clase de jefes que tienen los distintos grupos de “control de masas”, encaja a la perfección el comportamiento violento de la policía antidisturbios, a quienes el sábado en Colón uno de sus mandos jaleó al tejeril grito de “vamos a por ellos, coño”.
No nos creemos la versión oficial porque es el ministro Fernández Díaz, ese ministro, el de la “ley mordaza”, el de las vallas de Melilla, el de las mentiras sobre los inmigrantes ahogados mientras recibían disparos de pelotas de goma, ese ministro, el que defiende la actuación de los antidisturbios en Madrid y acusa a los manifestantes de atacarlos. ¿Es que piensa que le resta un mínimo de credibilidad?
Lo que pasó el sábado en Madrid es un gravísimo punto de inflexión en la ya intolerable represión del derecho a la protesta y a la manifestación. Es el peligroso estiramiento de la tensión entre una ciudadanía pacífica y un Gobierno de creciente sesgo dictatorial, tensión que no se ha vuelto definitivamente insostenible gracias al aguante, a la resistencia, a la templanza y a la responsabilidad de esta ciudadanía. Pero disparar pelotas de goma en una plaza con miles de personas, muchas de las cuales son ancianos y niños, se parece demasiado a una declaración de guerra. Viene a decir: “Podéis ser más de un millón y ser pacíficos. Nosotros diremos que sois violentos y que no pasáis de 4.000. Pero eso no es todo: vamos a disparar y podemos dar en la cara a vuestros hijos. Así que os lo pensáis antes de volver a la calle. Porque vamos a por vosotros, coño”".
martes, marzo 18, 2014
¿Por qué no trabajamos menos horas? - Luis Garicano.
Con estas propuestas hay que tener mucho cuidado, ya que no es lo mismo repartir el trabajo o tener más horas con la familia, que trabajar menos horas por salarios miserables, con despidos a diestro y siniestro, sustituir a trabajadores por becarios, etc.
¿Por qué no trabajamos menos horas? - Luis Garicano.
¿Por qué no trabajamos menos horas? - Luis Garicano.
"Durante el peor momento de la gran depresión el economista británico John Maynard Keynes publicó un optimista ensayo titulado Posibilidades económicas de nuestros nietos. En él predecía que disfrutaríamos de 100 años de elevadas tasas de crecimiento económico, tras los cuales la renta per cápita media en los países occidentales sería entre cuatro y ocho veces mayor que cuando se publicó el artículo en 1930. Como resultado de este fuerte incremento del bienestar, nuestro problema económico, que Keynes caracterizaba como “la satisfacción de nuestras necesidades básicas”, estaría resuelto. Esto permitiría que el ocio aumentara drásticamente, hasta el punto que nos bastaría con una jornada laboral de tres horas al día para alcanzar el nivel de vida deseado.
La primera parte de la predicción resultó correcta. A pesar de lo negras que parecían las cosas en 1930, y de lo negras que las vemos ahora, metidos en una nueva y profunda crisis, no cabe duda de que las ocho décadas que han pasado desde el pronóstico han supuesto un enorme crecimiento de la riqueza material. Si acaso, Keynes se quedó corto.
Por el contrario, la segunda parte de su predicción no pudo resultar más incorrecta. No sólo no trabajamos menos, sino que para muchos de nosotros, mantener el nivel de vida que deseamos supone estrés y angustia diarios. El número de tareas pendientes se acumulan. Llegamos tarde a casa, con los niños ya dormidos. Pasamos alrededor de una hora menos al día por adulto en actividades domésticas, pero este cambio no se transforma en ocio, sino en un sustancial aumento de la participación laboral de la mujer.
Esta paradoja parece aún más incomprensible cuando consideramos que la tecnología de la información y la automatización de las fábricas están eliminando la mayor parte de las tareas rutinarias y desagradables que ocupaban gran parte de la jornada laboral. Si no tenemos que buscar y archivar papeles o lavar la ropa a mano, ¿por qué no usamos ese tiempo para hacer lo que nos interesa?
De hecho, lo contrario parece suceder: la misma tecnología que reduce las tareas rutinarias permite que el trabajo invada gran parte de nuestras horas de ocio. Respondemos los correos electrónicos del trabajo por las noches y los fines de semana. Nos llevamos de vacaciones el ordenador portátil y lo usamos en parte para seguir en contacto diario con la oficina.
¿Cómo es posible que tanta automatización y tanto avance tecnológico no se hayan transformado en un incremento de nuestro ocio, de nuestro tiempo libre? ¿Por qué no estamos aprendiendo, como (erróneamente) pensaba Keynes que haríamos, a “experimentar las artes de la buena vida”?
Una primera respuesta a esta paradoja puede ser que, aunque no seamos conscientes de ello, sí ha aumentado considerablemente nuestro ocio. Nuestra esperanza de vida se ha incrementado en 20 años, y la edad de jubilación ha disminuido sustancialmente. Es por ello indudable que la fracción que pasaremos trabajando de las aproximadamente setecientas mil horas de vida que disfrutaremos en total, ha caído.
Pero esta no puede ser más que una respuesta parcial, pues deja aún un enorme interrogante cuando contemplamos nuestras apresuradas y estresantes vidas durante la edad laboral.
Otra solución parcial es que gran parte del nuevo ocio tiene lugar en la oficina. Durante la larga jornada laboral caben los cafés, las comidas, los cotilleos. Además, el trabajo en si es más interesante. De nuevo la respuesta es incompleta pues, ¿no desearíamos pasar nuestro ocio con nuestros familiares y los amigos a los que elegimos nosotros, en vez de los compañeros de trabajo que “nos han tocado”?
No podemos dar una respuesta satisfactoria a esta paradoja sin entender que una buena parte de nuestro consumo no está destinado a satisfacer necesidades absolutas, sino relativas. No aspiramos a tener un nivel elevado de consumo en sí mismo, sino a tener una posición concreta con respecto a nuestros pares. Por ello, muchos de los bienes que consumimos son “bienes posicionales”, como los llamó el economista británico Fred Hirsch. Su valor depende de lo que consuman los demás.
En parte esto es una consecuencia natural de la escasez. Muchos bienes son naturalmente escasos, y su consumo depende de que los demás no los consuman. Si la riqueza de los demás aumenta, yo tengo que pagar más para conseguirlos. Los bienes inmobiliarios en lugares particularmente deseables, son el mejor ejemplo de este fenómeno: el número de personas que pueden pagarse una casa en Chelsea, en el Barrio de Salamanca, en el Paseo de Gracia o con vista al mar, es limitado, y si los demás pueden pagar más, tengo que trabajar más para poder permitírmelo.
Pero hay otra razón: la competición por el estatus, que es una competición de suma cero (es decir, una en la que lo que yo gano, tu lo pierdes, como el tenis o el ajedrez). Si mis vecinos se compran una televisión plana de 40 pulgadas, y me importa mi estatus relativo, “necesito” tener una de 45 pulgadas. Si mi vecino tiene un Seat Ibiza, yo “tengo” que tener un VW Passat. No hay en este tipo de bienes necesidades objetivas, sino que “lo normal” se define por referencia a lo que consumen nuestros pares.
Que existen los bienes posicionales parece fácil de comprobar con un sencillo ejercicio de introspección, propuesto por el economista Robert Frank. Supongamos que nos dan a elegir entre vivir en una casa de 400 metros cuadrados cuando los demás viven en casas de 600 metros cuadrados, o vivir en una casa de 300 metros cuadrados cuando las demás casas son de 200 metros cuadrados. De acuerdo con Frank, la mayor parte de los que responden a esta pregunta prefieren la casa menor, siempre que esta sea más grande que la de los demás.
El resultado es que gran parte de la vida laboral se parece a la proverbial escalada armamentística. Trabajamos más para conseguir avanzar posiciones respecto a los demás, pero ellos responden trabajando más para conservarlas. Al final, estamos en el mismo sitio en el que empezamos, pero con menos horas de ocio.
¿Cómo parar la escalada? Convertir nuestra mayor productividad en más tiempo libre pasa en parte porque las políticas públicas permitan que ese ocio se posible. Hay que eliminar el presentismo, facilitar que la gente cumpla sus horarios, facilitar enormemente el trabajo a tiempo parcial. Si la externalidad descrita existe, también sería bueno que las políticas públicas penalicen el consumo más ostentoso con impuestos indirectos al lujo, y que la sociedad no admirara ese consumo.
Pero también es necesario que cada uno individualmente seamos consciente de lo que buscamos con nuestras elecciones. ¿Qué es lo normal? ¿Con referencia a qué grupo de pares estamos tomando esta decisión? ¿Realmente importa un carajo que nuestro vecino vea que tenemos un coche estupendo? ¿Cuántas horas más sin ver a nuestros hijos realmente queremos pasar trabajando para conseguir comprarnos ese coche?
Se trata, una vez más, de ser más productivos para vivir mejor. Hacer lo contrario, usando nuestras ganancias adicionales de productividad para empeorar nuestro nivel de vida es un malgasto del único recurso escaso que todos tenemos en nuestra vida: el tiempo".
Luis Garicano es catedrático en la London School of Economics y es autor de El dilema de España: Ser más productivos para vivir mejor”
lunes, marzo 17, 2014
Ya lo dije,.....ya solo nos quedaba el Principe Adam.....y el juez Pedraz.....para continuar con la "Justicia Universal" en Españistán.




viernes, marzo 14, 2014
"¿Cuándo toca prevenirse contra la extrema derecha?" - Sebastián Martín.
"¿Cuándo toca prevenirse contra la extrema derecha?" - Sebastián Martín.
"Desde hace tiempo, pueden leerse noticias y análisis frecuentes sobre el crecimiento exponencial de la extrema derecha en Europa. En lo que hace a España, el goteo de atropellos contra los derechos y bienes de personas y colectivos por parte de grupos fascistas parece no cesar.
Con amenazas y agresiones, se revientan actos públicos en reconocimiento de la nacionalidad catalana. Locales y sedes de partidos de izquierda y de asociaciones que denuncian el racismo aparecen con destrozos y pintadas intimidatorias. Son numerosas las personas que por su orientación sexual o política, o por su condición nacional o económica, han sufrido coacciones, vejaciones, lesiones o incluso han sido asesinadas por el terrorismo ultraderechista. Dadas estas dosis regulares de violencia y contemplado el contexto europeo de crecida fascista, ¿hasta cuándo hay que esperar para recordar que el derechismo integrista es un peligro de primer orden para la sociedad?
El problema entre nosotros -y en países como Grecia- cuenta con un punto más de gravedad, pues de ser una corriente política deleznable seguida por cada vez mayor número de fanáticos, puede que se esté infiltrando o se encuentre directamente viva entre efectivos de cuerpos policiales y militares, al menos en lo que hace a su núcleo vital racista, jerárquico, ultranacionalista y ajeno a la humanidad de quien es considerado como enemigo. Suele pasarse por alto que un Estado constitucional y democrático debe contar con fuerzas de seguridad imbuidas de respeto escrupuloso a los valores cívicos del constitucionalismo y la democracia, no adoctrinadas en prejuicios patrioteros o en convicciones primarias excluyentes.
Desde posiciones liberales, se sostiene que la misma sociedad se basta y se sobra para generar los mecanismos morales y culturales necesarios para marginar el fascismo. Quienes secundan este parecer olvidan que justamente el pretendido desenvolvimiento “espontáneo” de la sociedad liberal es el que está creando las condiciones propicias para el resurgimiento fascista.
Otros creen que el hecho de ser el Partido Popular la formación absorbente de toda la derecha española nos salva de posibles despeñaderos ultraderechistas. Varios son los descuidos en este diagnóstico tranquilizador. No solo existen ya formaciones de extrema derecha, que, visto el hondo desprestigio del partido en el Gobierno y la celeridad de los tiempos de crisis, bien pueden ver multiplicados sus apoyos en breve lapso. También existe el notorio peligro de que, para evitar esa posible fuga de adhesiones, el sector más extremista concluya por marcar la agenda popular, algo patente en engendros legislativos como los que preparan sobre el aborto o la seguridad ciudadana.
En definitiva, ambas lecturas coinciden en recetar la inacción, actitud muy poco recomendable en este escenario europeo y dada nuestra situación particular, de falta persistente de condena unánime de la dictadura franquista.
En círculos más conscientes del peligro se exige represión. Como potenciales terroristas que son, se trataría de prohibir sus publicaciones, disolver asociaciones, liquidar partidos, suspender actos, perseguir a miembros y condenarlos por profesar creencias funestas para la sociedad.
Esta salida no lleva a solución alguna. No solo se cuenta con el peligro de extender el mal, incitando posibles reacciones compensatorias que vengan a legitimar lo que se pretende erradicar. También se corre el riesgo de pagar la persecución del fascismo con la inoculación en el propio Estado de prácticas fascistas. Por ahora, al Estado le basta para combatir los exabruptos ultraderechistas con los recursos penales disponibles, entre los que figura la agravante general aplicada a los delitos cometidos por motivos discriminatorios de toda índole (art. 22.4 del Código penal).
El problema hay que combatirlo en su origen, que no es sino cultural y, fundamentalmente, económico. Empieza por ayudar muy poco la representación espacial y circular del espectro político que, de manera simplista, identifica “los extremos populistas” de uno y otro signo. Basta recorrer los idearios ultraderechistas y ultraizquierdistas para apercibirse de que muy poco tienen que ver el racismo y la multiculturalidad, las jerarquías con la igualdad absoluta, las fobias violentamente excluyentes con el discurso de la inclusión total, o el fundamentalismo nacionalista con el más abierto de los internacionalismos. Equiparar fascismo y antifascismo puede parecer una estrategia neutral y equidistante que redunde en favor del borroso centro político, pero en la práctica solo termina beneficiando a la extrema derecha. Podría aducirse que tanto unos como otros se abrazan en su común justificación de la violencia, pero las diferencias siguen siendo insalvables entre su ejercicio efectivo contra minorías y su alusión retórica en proclamas revolucionarias, o su recurso defensivo precisamente contra la amenaza fascista.
Que combatir de raíz el virus ultraderechista sea asunto cultural conecta con una de las dimensiones fundamentales de la “memoria histórica”. Ha de concebirse ésta como la debida justicia y reparación a las víctimas del fascismo, pero también como el recuerdo socializado permanente de la barbarie, pues solo una conciencia colectiva despierta en este particular, transmitida entre generaciones, nos puede salvar de tropezar de nuevo con tan abominable error. De hecho, el creciente olvido entre los más jóvenes de lo que supuso el terror fascista es directamente proporcional a la intensidad de su reaparición. Por eso deben celebrarse disposiciones como la incluida en el anteproyecto de ley andaluza de memoria histórica, que inserta en el currículum educativo de la enseñanza no universitaria la materia de “memoria democrática”.
Arrostrar a la extrema derecha en el plano cultural implica otra obligación de mayor envergadura. En su valioso opúsculo sobre Educar después de Auschwitz, Theodor Adorno identificaba como la «condición psicológica» fundamental del Holocausto «la incapacidad de identificarse» con el otro. Solo un sentimiento extendido de indiferencia hacia qué ocurría en los campos de concentración explica que en éstos se pudiera aniquilar burocráticamente a centenares de miles de personas. El predominio absoluto del interés propio, la deshumanización ulterior de nuestros semejantes y el consiguiente desprecio hacia su suerte son las bases culturales que conducen al fascismo, y deben contrarrestarse a través de la educación, promoviendo los valores opuestos de la igualdad, la cooperación, la solidaridad y el humanismo.
El problema es que tales bases son las propias de la antropología capitalista. La acostumbrada afirmación de que los camisas pardas, azules o negras fueron la infantería del capital tiene una carga de profundidad mayor de la esperada. No es que el capitalismo se defienda a través del fascismo; es que lo produce de forma ineluctable. Tanto es así que vuelve a resucitar sin contar con el “enemigo comunista” enfrente, desmintiendo con ello el canon interpretativo según el cual el fascismo fue el morboso antídoto segregado de forma natural por la sociedad burguesa para defenderse del veneno comunista. Aun sin presencia probable de revolución social, el ultraderechismo vuelve a crecer, mostrando que su esencia no radica en su función contrarrevolucionaria sino en participar del desenvolvimiento del propio capitalismo.
Los testigos más perspicaces de la opresión lo vieron claro. El gangsterismo nacionalsocialista fue una consecuencia natural de la concentración de poder característica del capitalismo de monopolio. El aislamiento individualista y la enajenación respecto de la propia vida que conlleva la integración capitalista contribuyen, por necesidad, a añorar la pertenencia a un cuerpo colectivo místico y la protección (dominio) de un líder omnipotente. Por su parte, los que asistieron a la fundación del Estado social y democrático fueron conscientes de que sus exigencias de homogeneidad económica y distribución del poder eran ante todo un medio para prevenir la recaída en el fascismo.
Por eso, combatirlo es también una tarea económica, consistente en la desoligarquización de la sociedad, en el reparto del poder político y social. Justo lo opuesto de lo que hoy marca las prioridades, condenándonos a que sea demasiado tarde para sacrificar a la serpiente que descuidadamente incubamos".
"La operación bikini de la clase trabajadora: ni donuts ni coca-cola" - Isaac Rosa.
"La operación bikini de la clase trabajadora: ni donuts ni coca-cola" - Isaac Rosa.
"Olvídate de la fastidiosa "operación bikini": la mejor forma de conseguir un cuerpazo para el próximo verano es dejar de comer donuts y de beber coca-cola. Unas cuantas semanas sin probarlos, y ya verás cómo esa tripita desaparece.
¿Suena convincente? No demasiado, lo sé. Pero como estos días sigo viendo a muchos merendando donuts y bebiendo coca-colas sin parar, pienso que a lo mejor el argumento dietético tiene más éxito que la llamada a la solidaridad de la clase trabajadora.
Lo sé, cada vez hay más muestras de apoyo a los trabajadores en huelga, tanto los de Panrico en Barcelona como los de las embotelladoras de Coca-cola. Y también sé que muchos ciudadanos se han tomado en serio el boicot solidario de los productos o contribuyen a la caja de resistencia. Pero aun así me parece poco, sigo viendo muy solos a los trabajadores.
No sé si lo saben, pero la huelga de los trabajadores de Panrico en la planta barcelonesa de Santa Perpètua es ya la más larga jamás vista en España. Ayer cumplieron cinco meses de huelga indefinida. Cinco meses sin trabajar, cinco meses sin cobrar, cinco meses acudiendo a diario a la fábrica para formar piquetes. Están amenazados por la empresa, que los denunció por huelga ilegal (les reclama 5 millones de euros) y hasta los acusa de envenenar los donuts. Pero ellos siguen dispuestos a llegar hasta el final en su denuncia de un ERE que dejaría a la mayoría en la calle. En su lucha han encontrado el apoyo de muchos colectivos, sobre todo en Cataluña. Pero aun así, yo sigo viéndolos muy solos.
El de Coca-cola es más conocido. La empresa pretende cerrar varias plantas. Tras la respuesta de los trabajadores y el daño a la imagen de la marca, la dirección suavizó la propuesta inicial, y planteó medidas "voluntarias". Todo lo "voluntario" que puede ser aceptar una indemnización o un traslado cuando sabes que van a cerrar tu fábrica sí o sí. Tan "voluntarias", que los trabajadores están denunciando coacciones contra los "voluntarios". Por eso varias plantas están en huelga indefinida desde hace semanas. También en este caso la plantilla ha encontrado la solidaridad de colectivos sociales, administraciones y de muchos ciudadanos que han dejado de beber. Pero con todo, yo sigo viéndolos muy solos.
No son las únicas empresas cuyos trabajadores están hoy amenazados por ERE y recortes salariales brutales. Ni serán las últimas, pues la reforma laboral facilitó como nunca que las empresas despidan y recorten incluso con beneficios. No son las únicas ni las últimas, pero las luchas de Panrico y Coca-cola se han convertido en algo más que un conflicto laboral, un pulso donde no solo está en juego el empleo de varios cientos de trabajadores.
La dimensión pública de ambos conflictos, la resistencia de los afectados, el boicot a productos que dependen mucho de su imagen, el perfil de las compañías (Panrico hundida por fondos de capital riesgo; Coca-cola una poderosa multinacional), hace que muchos veamos estas dos luchas como algo más, mucho más, en la que todos nos jugamos algo, en la que todos tenemos mucho que ganar y mucho más que perder. Torcer el brazo en este pulso a Panrico y Coca-cola tendría un efecto sobre la deprimida clase trabajadora comparable al primer mordisco del donut y el primer trago de coca-cola: un subidón.
Y sin embargo, y pese a tantos apoyos como están recibiendo, qué solos están. Cuántos siguen comiendo donuts y bebiendo coca-colas como si el conflicto no fuera con ellos, como si cada nuevo ERE no facilitase los venideros; como si cada despedido no afectase a los que ya están en paro; como si cada trabajador con derechos que se va a la calle no tuviese relación con el trabajo basura que se creará en su lugar; como si cada recorte salarial no presionase a la baja sobre nuestros sueldos.
Si todo esto no te convence, hazlo al menos por tu barriga, por el tipazo que lucirás este verano. Yo llevo semanas sin probar ni un donut ni una coca-cola, y mira qué vientre plano se me está poniendo".
Las canciones que escucharéis este fin de semana.
Real Estate "full performance (live on KEXP)"
Calle 13 "adentro"
Foster The People "coming of age"
Joan As police Woman "holy city - live at café Trusardi"
Tokio Police Club "Argentina - parts I, II, III"
jueves, marzo 13, 2014
¿Y si esos 7600 millones de euros se quedaran en la Sanidad Pública....acabaríamos con la Sanidad Privada?.
Otra forma de acabar con la Sanidad Pública.
Otra forma de acabar con la Sanidad Pública.
"Causas y consecuencias de que un país tenga super-ricos" - Vicenç Navarro.
"Causas y consecuencias de que un país tenga super-ricos" - Vicenç Navarro.
"La revista de negocios estadounidense Forbes publica información periódicamente sobre los super-ricos del mundo, considerando como tales a aquellas personas que ingresan más de 50.000 millones de dólares al año. El Institute for Policy Studies de Washington D.C., EEUU, y la revista económica Dollars and Sense han publicado una reseña basada en los datos de Forbes que da una imagen certera de la distribución de los super-ricos (Robin Broad y John Cavanagh, “The Rise of the Global Billionaires”, Enero/Febrero 2014). Y lo que se observa de una manera muy clara es el cambio desde los años noventa en la distribución de los super-ricos. Desde después de la II Guerra Mundial, los super-ricos se concentraban en EEUU, Europa Occidental y Japón. La situación actual, sin embargo, es muy diferente. EEUU continúa siendo el país con un mayor número de super-ricos (442), un número que en proporción sobre el total de super-ricos del mundo no ha variado a lo largo de los últimos años. Estos 442 representan alrededor del 31% de todos los super-ricos del mundo. Ahora bien, donde ha habido un cambio enorme ha sido en la República de China (122) y Rusia (110), que pasaron de no tener ninguno a ser el segundo y tercero en tener super-ricos. Alemania es el cuarto país (58), seguido de India (55), Brasil (46), Turquía (43), Hong Kong (39) y el Reino Unido (38). Estos datos muestran el número de super-ricos, pero no señalan el nivel de riqueza que alcanza cada super-rico. Si miramos estos datos, podremos ver que el individuo más rico del mundo, el Sr. Carlos Slim (73.000 millones), vive en México (un país donde la pobreza es muy extensa), seguido de Bill Gates en EEUU y Amancio Ortega en España (57.000 millones), uno de los países con una mayor tasa de desempleo y una mayor tasa de pobreza en la OCDE.
El significado de estas cifras va más allá de los números señalados, pues que existan super-ricos quiere decir que hay una enorme concentración de la riqueza, ya que cuando hay super-ricos –la cúspide de la pirámide– quiere decir que hay también ricos y casi ricos. En otras palabras, es un indicador de que aquel país tiene una enorme concentración de la riqueza y, por lo tanto, grandes desigualdades.
El segundo significado de la existencia de super-ricos es que también hay muchos superpobres. En realidad, desigualdad quiere decir, en la mayoría de casos, gran pobreza. En realidad, los primeros –los super-ricos– no se pueden explicar sin los segundos –los superpobres–. Es decir, los primeros gozan de enormes riquezas precisamente porque los no ricos tienen menos riqueza. La riqueza de los primeros ha sido extraída de los segundos. Soy consciente de que esta expresión choca con la sabiduría convencional que asume que la desigualdad es una cosa, y otra lo es la pobreza. La evidencia, sin embargo, de que las dos son dos lados de la misma moneda es clara. Si analizamos, por ejemplo, la distribución de las rentas que existen en un país, podemos ver que estas derivan o bien de la propiedad (es decir, de la riqueza, o sea, de la posesión de recursos que generan renta) o bien del trabajo. Pues bien, la gran división en las sociedades es entre el primer grupo de propietarios y gestores de las mayores cantidades de propiedad, y los que trabajan para poder vivir. Estos últimos son, por cierto, los productores de la riqueza, de cuya distribución depende su grado de concentración. Cuando la renta generada por esta producción va predominantemente a los rentistas del capital, es cuando nos encontramos con el gran número de super-ricos, los cuales han copado esta abundante riqueza debido a que han expropiado la riqueza y la renta derivada del mundo del trabajo. No es por casualidad que aquellos países en los que hay más super-ricos, sean también aquellos en los que hay más pobres y superpobres.
Y lo que ocurre en cada país, ocurre a nivel internacional también. De esta situación se derivan varias observaciones:
1. No hay países pobres. En realidad, algunos de los países llamados pobres tienen una gran cantidad de super-ricos. El argumento de que la riqueza que se acumula en la cúspide filtra hacia todos los otros estamentos de la sociedad no se ajusta a la realidad.
2. La pobreza no se debe a la falta de recursos de un país, sino al control de estos recursos por parte de los super-ricos del país, que siempre están en alianza con los super-ricos de otros países.
3. Es denunciable que en España, donde uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza, exista un grado de concentración de la riqueza tan elevado, lo cual se podría resolver fácilmente redistribuyendo los recursos, hoy en propiedad de los super-ricos.
4. Su pobreza está basada en su falta de control de la propiedad de los super-ricos, que estos utilizan para su propio enriquecimiento en lugar de asignarla a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.
5. El incremento de las desigualdades se debe principalmente a factores políticos y, muy en especial, al enorme poder que los super-ricos tienen sobre los Estados, que son los que están imponiendo políticas públicas que los favorecen.
6. El enorme desprestigio de la Unión Europea y de los gobiernos de sus países miembros se debe precisamente a este hecho: la enorme influencia de los super-ricos (bien sea de la banca o de la gran patronal) sobre los políticos.
Una última observación. Se me dirá (ya se me ha dicho), que el hecho de que el tercer super-rico del mundo sea español no tiene nada que ver con el elevado porcentaje de pobreza y/o el alto nivel de desempleo. Esta postura ignora que el Estado que facilita que haya super-ricos es el mismo que favorece los salarios bajos, la política fiscal regresiva, el escaso desarrollo del Estado del Bienestar y la limitadísima capacidad redistributiva del Estado. Hay, pues, una relación directa entre los primeros y los segundos, por mucho que este hecho evidente se intente ocultar. Así de claro".
miércoles, marzo 12, 2014
Hazte un plan de pensiones privado......esta de moda....y sino dentro de poco lo va a estar.
Luis María, amiguitos neoliberales, "populistas", y grandes "ladrones" están buscando nuevos negocios......y tu pensión va a ser uno de ellos.
Luis María, amiguitos neoliberales, "populistas", y grandes "ladrones" están buscando nuevos negocios......y tu pensión va a ser uno de ellos.
Mariano y su Gobierno han pasado de la palabrería a los hechos contra la corrupción......y por ello han hecho trizas todos los sobres en la Moncloa....para evitar tentaciones.
Declaraciones de Tito Valverde en la Cadena Ser: "Ahora somos competitivos porque el trabajador cobra una mierda"
y le contesta una oyente/lectora, Carmen Javi Peleguer: "no Tito, no somos competitivos en absoluto, ya que la rebaja salarial incide directamente en el beneficio empresarial... para ser competitivos a la bajada salarial del trabajador habría que añadir la reducción de cota de beneficios empresariales y rebaja de los precios de mercado, es decir, rebajar el precio del producto que vendemos, los dos últimos no se han dado, por lo que lo único que hemos conseguido es que en los peores años de crisis, los empresarios declaren unos beneficios exorbitantes".
Y yo añado.....Españistán para los de "arriba".....los de "abajo" no importan una mierda.....solo sirven para que nos forremos rapidamente....y el que venga por atrás que se joda.
y le contesta una oyente/lectora, Carmen Javi Peleguer: "no Tito, no somos competitivos en absoluto, ya que la rebaja salarial incide directamente en el beneficio empresarial... para ser competitivos a la bajada salarial del trabajador habría que añadir la reducción de cota de beneficios empresariales y rebaja de los precios de mercado, es decir, rebajar el precio del producto que vendemos, los dos últimos no se han dado, por lo que lo único que hemos conseguido es que en los peores años de crisis, los empresarios declaren unos beneficios exorbitantes".
Y yo añado.....Españistán para los de "arriba".....los de "abajo" no importan una mierda.....solo sirven para que nos forremos rapidamente....y el que venga por atrás que se joda.
Por fin alguien irá a pedir perdón por no tirarse al agua a rescatar inmigrantes........Ya que váis.....traeros "medallitas" y "estampitas" para todos los españoles.
martes, marzo 11, 2014
Maria Dolores pide más "luz" y "que se conozca toda la verdad".....de su amigo Barcenas y sus sobres.
bien por Maria Dolores!!!!!.
bien por Maria Dolores!!!!!.
Antonio María Rouco no ha dicho: "oscuros objetivos de poder".....sino que ha querido decir: "oscuros objetos de deseo"
qué picarón!!!!!
qué picarón!!!!!
lunes, marzo 10, 2014
"El día del hombre guay" - Antón Losada.
"El día del hombre guay" - Antón Losada.
"Todos los años celebramos el día de la mujer, que algunos se empeñan en seguir apellidando como "trabajadora". No existe día del "hombre trabajador". Será porque no hay, o porque no hace falta. Lo más parecido es el día del Padre. Cada año las mujeres deben constatar la misma sangrante evidencia: la igualdad se presenta más difícil de alcanzar que la linea del horizonte. Aunque al menos ese día, las feministas no tienen que aguantar las chanzas y burlas tabernarias que tanto alborozan a tanto caballero español que habita en nuestros medios. Se las guardan todas para el día siguiente.
Todos los años, los líderes y gobernantes responsables de que la igualdad tarde tanto en llegar sacan su lado femenino para renovar su compromiso con las mujeres, alegrarse por los pequeños pasos adelante fabricados por la estadística creativa y no ofrecer una sola explicación por tan clamoroso y sostenido fracaso. Al parecer, en esto de la igualdad, los hombres somos incompetentes, pero sensibles. Nos duele de corazón hacerlo tan mal.
Repasemos las evidencias que prueban tanto compromiso. Durante los últimos diez años, las mujeres siguen cobrando un 70% de cuanto perciben los hombres por idéntico trabajo. Una situación tan contraria a la igualdad como a la eficiencia económica. El porcentaje de directivas en consejos y cúpulas empresariales se ha mantenido congelado en la cuarta parte. En política, la paridad constituye algo que se respeta si no queda más remedio, o si lo obliga una sentencia. El terrorismo de género continúa siendo un delito donde quien debe huir, esconderse y cambiar de vida es la víctima, mientras el agresor sigue con su rutina normalmente amparado, cuando no encubierto, por una sociedad que prefiere pretender que no sabe, no la informan o no se entera. La mal llamada reforma del aborto del ministro Gallardón vuelve a tratar a la mujer como un ser frívolo y poco fiable, incapaz de tomar una decisión por sí misma y necesitada de la sabiduría, la reflexión y el premiso del macho.
Los recientes datos de la encuesta de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales hablan por si solos de la gravedad y extensión de la desigualdad, la violencia, el desamparo y la humillación que padecen a diario y a lo largo de su vida más de la mitad de las mujeres del continente. Sin embargo, las ya de por sí limitadas y exiguas políticas de igualdad han resultado las primeras víctimas de los recortes sacrificadas en los altares de los fetichistas del déficit, sin que una opinión pública dominantemente masculina derramase demasiadas lágrimas por ellas.
Si los hombres pariéramos, habría aborto libre. Si los hombres cobrásemos la tercera parte menos que las mujeres por el mismo desempeño, las cárceles estarían llenas de empresarios sexistas. Si los hombres fuésemos víctimas de maltrato, los agresores no podrían ir tranquilamente al bar o al fútbol. No avanza la igualdad porque así seguimos ganando. En lugar de eso, hacemos pegatinas, pegamos cárteles, presentamos powerpoints con gráficos que deberían darnos vergüenza y leemos versos de poetisas un día al año. Deberíamos cambiar el nombre de la celebración. No es el día de la mujer. Es el día de los hombres que nos creemos guays, pero no lo somos".
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